jueves, 9 de febrero de 2017
Escribir.
Dicen que no hay mejor combustible para escribir que estar muy enamorado, medio loco, o un poco roto...
Sonrisa.
Me pondré mi sonrisa más bonita para cuando te vea,
y te abrazaré como solo se puede abrazar, con toda el alma..
viernes, 25 de noviembre de 2016
viernes, 4 de noviembre de 2016
¿Por qué escribir?
Escribimos para pintar la realidad de otros colores.
Escribimos para
contar historias,
para inventar un mundo mejor.
para inventar un mundo mejor.
Escribimos para
celebrar la imaginación.
Escribimos para
vivir otras vidas.
Escribimos para contar nuestras verdades.
Escribimos para
no olvidar quienes somos.
Escribimos para
escapar de la locura.
Escribimos para
trascender.
Escribimos por necesidad.
Escribimos por necesidad.
Escribimos para
dialogar con el otro.
Escribimos para
emocionar, para acariciar el alma.
Escribimos para
indagar, para ir más allá.
Escribimos para
compartir nuestros dolores y alegrías.
Escribimos para dejar ir nuestros demonios,
Escribimos para dejar ir nuestros demonios,
para
narrar lo invisible, lo ausente, lo temido.
domingo, 9 de octubre de 2016
Noche de verano. (Cuento)
Esa noche hacia un calor insoportable.
La ropa se pegaba al cuerpo, húmeda. Me asfixiaba, tenía que salir a la calle.
Caminando y a poco de andar el aire que se agitaba por
entre los hermosos árboles del parque me reanimaron, me sentía a gusto.
Pensaba en el maravilloso don que tienen los árboles.
Disfrutaba del frescor, la noche
estaba bastante clara, la luna se escurría por entre las ramas.
Veo que se acercaba un hombre en dirección
contraria a la mía.
Su cara me resultaba familiar. Era Don Ignacio, el dueño de la
ferretería de la avenida principal.
Lo saludo, él se detiene.
─ Hola, Buenas noches, tomando el fresco?─ Le digo.
─Caminando un poco, yo no tengo calor.
─¡Ah! Qué suerte tiene, yo no
podía estar en mi casa. Le digo.
Cuánto tiempo sin verlo Don Ignacio. Pero no responde.
Caminábamos a la par, cruzamos el parque rodeando la pequeña fuente, donde una pareja con sus dos chiquilines jugaban con el
agua para refrescarse.
Seguimos caminando con paso tranquilo. Al llegar a la esquina la
terracita del bar tenía aún unas cuantas mesas
ocupadas.
Como si los dos nos hubiéramos puesto de acuerdo elegimos una y nos sentamos.
En la mesa de al lado un grupo de jóvenes conversaban y se reían divertidos.
─¿Qué gusta beber Don Ignacio? Le
pregunté.
─Una cerveza, gracias. Dijo.
Llamamos a l camarero y pedimos.
El camarero nos sirve dos cervezas frías.
Bebí la cerveza disfrutando, tenía tanta sed.
Don Ignacio se tomó su tiempo.
A la luz de las farolas su rostro se veía algo pálido,
Conversamos de temas intrascendentes.
A medida que la noche avanzaba , el aire se sentía cada
vez más fresco.
Al cabo de un largo rato le dije:
─Bueno, Don Ignacio, habrá que ir a dormir.
─Sí amigo, ve a dormir. Paga tú la cuenta, yo ya no puedo. Dijo con la voz cansada
.
─No se preocupe Don Ignacio, si yo invito, ningún problema.
─ Los que estamos como yo, no nos preocupamos de estas cosas. No quisiera asustarte.
No comprendí lo que quería decir Don Ignacio, a qué se refería.
Desvié un momento mi atención para buscar el cambio para pagar, y al levantar la vista no lo vi, no podía ser, no era un hombre de hacer este tipo de bromas, no me lo explicaba, se había desvanecido, miré a mi alrededor y creí ver a lo lejos algo entre los árboles en la oscuridad, o tal vez me pareció... el caso es que el hombre había desaparecido, sin más..
Cuando logré reponerme miré hacia la mesa donde habíamos estado sentados y ahí estaban las dos copas y las dos botellas de cerveza vacías...
viernes, 19 de agosto de 2016
sábado, 30 de julio de 2016
El Libro.
Entré en el café y me senté junto a la ventana.
En una mesa cercana un hombre leía abstraído. De pronto se levantó, comenzó a
recoger sus cosas y se marchó.
El libro de tapas verdes quedó sobre la mesa, solo, desprotegido, huérfano. Esperé unos minutos interminables, tal vez volviese por él.
Parecía que nadie reparaba en el libro. Seguro a ninguno le importaba que estuviera allí. Me sentía como atado a mi silla, como si ella me impidiera levantarme. Por fin me animé y al descuido, sin mirar a nadie, lo tomé con suavidad, como quien acaricia a un niño.
Él se dejó abrazar. Salí del bar, caminando de prisa, cuando había andado tres calles, me detuve y miré su portada. En letras de color naranja, se leía; Ladrones de Libros..
El libro de tapas verdes quedó sobre la mesa, solo, desprotegido, huérfano. Esperé unos minutos interminables, tal vez volviese por él.
Parecía que nadie reparaba en el libro. Seguro a ninguno le importaba que estuviera allí. Me sentía como atado a mi silla, como si ella me impidiera levantarme. Por fin me animé y al descuido, sin mirar a nadie, lo tomé con suavidad, como quien acaricia a un niño.
Él se dejó abrazar. Salí del bar, caminando de prisa, cuando había andado tres calles, me detuve y miré su portada. En letras de color naranja, se leía; Ladrones de Libros..
sábado, 2 de julio de 2016
Palomas Negras.
A veces, en el atardecer unas cuantas palomas negras
se posan en el filo de mis ilusiones.
se posan en el filo de mis ilusiones.
Se quedan ahí, mirándome, esperando, no sé qué cosa.
Trato de no hacerles caso, pero no se van.
Sobrevuelan muy cerca, casi
rozándome, indiscretas, entrometidas y cansinas.
Cuando las sombras se hacen con la noche, antes que encuentren un
lugar
donde anidar, rebusco en los
cajones del amor y de la esperanza, y me abrigo
con los besos y los abrazos perfumados de alegría,
repletos de cariño.
En ese momento las veo levantar el vuelo en bandada, quizás al
encuentro de otra víctima.
Las veo marcharse, y siento alivio.
Texto: Mirta Calabrese.
viernes, 17 de junio de 2016
Amantes
Temblabas cual tímida estrella,
en la noche embriagada de jazmines
La tentación, sin espera, ni palabras,
los sonidos de la pasión en tu pecho.
Gotitas de luna jugaban con tu pelo
ella, cómplice nos espiaba celosa.
La hierba nos prestó el lecho anhelado
y tan solo abrigados con poesías,
nos descubrió un amanecer inesperado.
Escapamos en un carruaje de sueños,
teñido de versos, perfumado de azahares.
Texto: Mirta Calabrese.
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