domingo, 9 de octubre de 2016

Noche de verano. (Cuento)


Esta noche hace un calor insoportable.
La ropa se pega al cuerpo, húmeda. Me asfixio. Salgo a la calle.
Me siento a gusto. Camino y a poco de andar el aire que se agita por entre los hermosos árboles del parque me reaniman
Pienso en el maravilloso don que tienen. Por suerte donde vivo no se les ha dado cortarlos, como en otras calles cercanas. No  pasaron “Los asesinos de la sierra” como los llamo. Disfruto del  frescor, la noche está algo clara, la luna se cuela por entre las ramas.

 Se acerca un hombre en dirección contraria a la mía. 
Su cara me resulta familiar. Es Don Ignacio, el dueño de la ferretería  de la avenida principal.

 ─ Buenas noches─
─ Buenas ¿Qué tal tomando el fresco?
─ Caminando un poco, no tengo calor ─
─- ¡Ah!  Qué suerte tiene,yo no podía más en mi casa.
─ ¡Cuánto tiempo sin verlo!

Caminamos a la par, cruzamos el parque  rodeando la pequeña fuente, donde una  pareja con sus dos chiquilines juegan con el agua para refrescarse.
Seguimos caminando con paso tranquilo. Al llegar a la esquina la
terracita  del  bar “Los Amigos” tiene aún unas cuantas mesas ocupadas.
Como si los dos nos hubiéramos puesto de acuerdo elegimos una  y nos sentamos.
En la mesa de al lado un grupo de jóvenes conversan  y se ríen divertidos.

─ ¿Qué  bebe Don Ignacio? Le pregunto.
─Una cerveza.

El camarero nos sirve dos cervezas frías. Bebo disfrutando, tengo sed.
Don Ignacio se toma su tiempo.
A la luz de las farolas su rostro se ve algo pálido,
Conversamos de cosas intrascendentes.
A medida que la noche se hace dueña del ambiente, el aire se siente cada vez más fresco.
─- Bueno, Don Ignacio, habrá que ir a dormir.
─ Sí amigo, vaya a dormir─
─Pague usted la cuenta, yo no puedo.
─ No se preocupe Don Ignacio, yo invito, ningún problema.
─  Los muertos ya no nos preocupamos de estas cosas. No quiero asustarlo.

Dicho esto, y ante mi atónita mirada y sin que pueda pensar que es una
broma  para no pagar, se difumina en un hilito de luz y desaparece fundiéndose en la oscuridad de la noche.
En la mesa solo queda un vaso y una botella de cerveza vacía.









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