sábado, 25 de febrero de 2017

Pasión.


Titilabas cual tímida estrella,
en la noche embriagada de jazmines
La tentación, sin espera, ni palabras,
los sonidos de la pasión en tu pecho.
Gotitas de luna jugaban con tu pelo
ella, cómplice nos espiaba celosa.
La hierba nos prestó el lecho anhelado
y  tan solo abrigados con poesías,
nos sorprendió un amanecer inesperado.









lunes, 13 de febrero de 2017

Amantes.


Antes que la luna se asomara distraída
se encontraban los amantes,
prometían un amor infinito, 
perfumado de palabras,
dibujado de abrazos,
inventando esquinas y rincones
donde besarse y amarse..



domingo, 12 de febrero de 2017

Azul.


Un barquito salió a navegar por el Mediterráneo, 
se fundieron el azul del cielo y el mar ..
el barquito se equivocó y siguió navegando por el cielo...





Ausencia.

Las gotas frías de la lluvia 
resbalan en el cristal de mi ventana,
azota el viento para robarme tu recuerdo,
extraño los pasos de tu ausencia,
murmura el agua el sonido de tu voz
te busco en las calles del invierno
y te aguardo para encender el fuego..






jueves, 9 de febrero de 2017

Escribir.



Dicen que no hay mejor combustible para escribir que estar muy enamorado, medio loco, o un poco roto...




Sonrisa.

Me pondré mi sonrisa más bonita  para cuando te vea,
y te abrazaré como solo se puede abrazar, con toda el alma..



Luces de mi corazón.


Dime cuando te vayas a dormir,
así apago las luces de mi corazón..



viernes, 25 de noviembre de 2016

Alma de otoño.

 Las hojas doradas

sueñan los sueños

de un atardecer lejano,

 vuelan traviesas


no saben que espero
   
el abrazo y los besos

de aquel viejo amor,


 y una copa de vino


de uvas tempranas,


antes que el invierno


se adueñe del tiempo.


viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Por qué escribir?


Escribimos para pintar la realidad de otros colores.

Escribimos para contar historias,

para inventar un mundo mejor.

Escribimos para celebrar la imaginación.

Escribimos para vivir otras vidas.

Escribimos para contar nuestras verdades.

Escribimos para no olvidar quienes somos.

Escribimos para escapar de la locura.

Escribimos para trascender.

Escribimos por necesidad.

Escribimos  para dialogar con el otro.

Escribimos para emocionar, para acariciar el alma.

Escribimos para indagar, para ir más allá.

Escribimos para compartir nuestros dolores y alegrías.

Escribimos para dejar ir nuestros demonios,

para narrar lo invisible, lo ausente, lo temido.














domingo, 9 de octubre de 2016

Noche de verano. (Cuento)


Esa noche hacia un calor insoportable.
La ropa se pegaba al cuerpo, húmeda. Me asfixiaba, tenía  que salir a la calle.
 Caminando y a poco de andar el aire que se agitaba por entre los hermosos árboles del parque me reanimaron, me sentía a gusto.
Pensaba en el maravilloso don que tienen los árboles.
Disfrutaba del  frescor, la noche estaba bastante clara, la luna se escurría por entre las ramas.

 Veo que se acercaba un hombre en dirección contraria a la mía. 
Su cara me resultaba familiar. Era Don Ignacio, el dueño de la ferretería  de la avenida principal.

Lo saludo, él se detiene.

 ─ Hola, Buenas noches, tomando el fresco? Le digo.

─Caminando un poco, yo no tengo calor.

─¡Ah!  Qué suerte tiene, yo no podía estar en mi casa. Le digo.

Cuánto tiempo sin verlo Don Ignacio. Pero no responde.

Caminábamos  a la par, cruzamos el parque  rodeando la pequeña fuente, donde una  pareja con sus dos chiquilines jugaban con el agua para refrescarse.
Seguimos caminando con paso tranquilo. Al llegar a la esquina la
terracita  del  bar  tenía aún unas cuantas mesas ocupadas.
Como si los dos nos hubiéramos puesto de acuerdo elegimos una  y nos sentamos.
En la mesa de al lado un grupo de jóvenes conversaban y se reían divertidos.

─¿Qué gusta beber Don Ignacio? Le pregunté.

─Una cerveza, gracias. Dijo.

Llamamos a l camarero y pedimos.

El camarero nos sirve dos cervezas frías. 

Bebí la cerveza disfrutando, tenía tanta sed.
Don Ignacio se tomó su tiempo.
A la luz de las farolas su rostro se veía algo pálido,
Conversamos de temas intrascendentes.
A medida que la noche avanzaba , el aire se sentía cada vez más fresco.

Al cabo de un largo rato le dije:

─Bueno, Don Ignacio, habrá que ir a dormir.

─Sí amigo, ve a dormir. Paga tú la cuenta, yo ya no puedo. Dijo con la voz cansada
.
─No se preocupe Don Ignacio, si yo invito, ningún problema.

─ Los que estamos como yo, no nos preocupamos de estas cosas. No quisiera asustarte.

No comprendí lo que quería decir Don Ignacio, a qué se refería. 
Desvié un momento mi atención para buscar el cambio para pagar, y al levantar la vista no lo vi, no podía ser, no era un hombre de hacer este tipo de bromas, no me lo explicaba, se había desvanecido, miré a mi alrededor y creí ver a lo lejos algo entre los árboles en la oscuridad, o tal vez me pareció... el caso es que el hombre había desaparecido, sin más..

Cuando logré reponerme miré hacia la mesa donde habíamos estado sentados y ahí estaban las dos copas y las dos botellas de cerveza vacías...