domingo, 17 de marzo de 2019
Pastillas para no soñar (Joaquin Sabina)
Si lo que quieres es vivir cien años
No pruebes los licores del placer
Si eres alérgico a los desengaños
Olvídate de esa mujer
Compra una máscara antigás,
Manténte dentro de la ley
Si lo que quieres es vivir cien años
Haz músculos de cinco a seis
No pruebes los licores del placer
Si eres alérgico a los desengaños
Olvídate de esa mujer
Compra una máscara antigás,
Manténte dentro de la ley
Si lo que quieres es vivir cien años
Haz músculos de cinco a seis
Y ponte gomina que no te despeine
El vientecillo de la libertad
Funda un hogar en el que nunca reine
Más rey que la seguridad
Evita el humo de los puros,
Reduce la velocidad
Si lo que quieres es vivir cien años
Vacúnate contra el azar
El vientecillo de la libertad
Funda un hogar en el que nunca reine
Más rey que la seguridad
Evita el humo de los puros,
Reduce la velocidad
Si lo que quieres es vivir cien años
Vacúnate contra el azar
Deja pasar la tentación
Dile a esa chica que no llame más
Y si protesta el corazón
En la farmacia puedes preguntar:
¿tiene pastillas para no soñar?
Dile a esa chica que no llame más
Y si protesta el corazón
En la farmacia puedes preguntar:
¿tiene pastillas para no soñar?
Si quieres ser matusalén
Vigila tu colesterol
Si tu película es vivir cien años,
No lo hagas nunca sin condón
Es peligroso que tu piel desnuda
Roce otra piel sin esterilizar,
Que no se infiltre el virus de la duda
En tu cama matrimonial
Vigila tu colesterol
Si tu película es vivir cien años,
No lo hagas nunca sin condón
Es peligroso que tu piel desnuda
Roce otra piel sin esterilizar,
Que no se infiltre el virus de la duda
En tu cama matrimonial
Y si en tus noches falta sal,
Para eso está el televisor
Si lo que quieres es cumplir cien años
No vivas como vivo yo
Para eso está el televisor
Si lo que quieres es cumplir cien años
No vivas como vivo yo
martes, 5 de marzo de 2019
Inocencia
La niña dibuja una casa,
un camino con flores,
un sol, una nube celeste
no sabe
que los pájaros mueren,
hay niños con hambre
y un monstruo oscuro
al que le llaman guerra
su manita en alto
saluda a un avión
se queda mirando
la estela blanca,
no sabe qué es.
Qué maravilla
los años de infancia
esa dulzura de la ignorancia.
un camino con flores,
un sol, una nube celeste
no sabe
que los pájaros mueren,
hay niños con hambre
y un monstruo oscuro
al que le llaman guerra
su manita en alto
saluda a un avión
se queda mirando
la estela blanca,
no sabe qué es.
Qué maravilla
los años de infancia
esa dulzura de la ignorancia.
Ilustración: Dibujo de mi hija Silvana (cinco años)
sábado, 23 de febrero de 2019
La niña y el mar
Un gris tenue tiñe la tarde,
las gaviotas graznan inquietas, a Angélica le gustaría entender qué dicen, pero
nadie entiende el canto de las aves.
Baja a la playa día tras día a esperar el
regreso de su padre. Angélica tiene cinco años, posee una belleza natural e
inocente, su vestido blanco parece estar hecho con la espuma que besa la
orilla. Pensativa contempla las olas, el
mar se agita indomable y violento, la bruma como una cortina fría y sedosa
envuelve el paisaje, otros días se muestra sereno y parece jugar rozando apenas la playa.
Su mirada siempre está fija en
el horizonte, nada la distrae. Sentada sobre la arena, inmóvil, la ansiedad se
refleja en su bello rostro. Así permanece mientras transcurre el tiempo
inexorable hasta que aparece en el horizonte apenas un puntito muy lejano. Angélica no sabe
calcular el tiempo, hasta que por fin se distingue un barco que se acerca, es entonces
cuando una tímida sonrisa ilumina su rostro y cree ver lo que su corazón
anhela.
El viento huele a sal y a desconsuelo,
cómplice borra los garabatos que ella dibujó en la arena, las gaviotas vuelan
en círculo, una se posa junto a ella, Angélica siente temor al recordar una
leyenda que le contó su madre.
Le pregunta a las olas el
porqué de la espera inútil, pero el mar no sabe de respuestas. Nubarrones
amenazantes cubren el cielo. Una historia de dolor se teje en la oscuridad, no
es el barco de su padre el que se acerca.
La voz de su madre la reclama nerviosa mientras baja la colina:
La voz de su madre la reclama nerviosa mientras baja la colina:
─¡Angélica, tienes que volver a
casa, va a llover y es muy tarde ya!
─¿Mamá, cuándo vendrá papá?
─Volverá hija, cuando acabe de
faenar, volverá ya lo verás.
La coge de la mano, recorren el
camino en silencio hasta llegar a la casa. Con los últimos rayos de luz del
atardecer naufraga una vez más la sutil esperanza del regreso, hasta que comience un nuevo día.
****
Angélica aún conserva ese
candor que la distingue y su dulce sonrisa. No ha sido nada fácil regresar para ella. Abre
la puerta despacio, entra en el salón, siente frío, el frío húmedo del mar que se cuela por el ventanal. Un sinfín de sensaciones vuelven a su memoria. Reviven los
aromas familiares y el dulce eco de las voces amadas, recorre con una mirada todo el entorno para luego contemplar el
cuadro que domina la pared desgastada. Angélica se reconoce con su vestidito de espuma. Siempre ha estado ahí, junto al sillón
preferido de su padre, se sienta, se arrebuja y cierra los ojos para evocar su presencia.
La ausencia y el silencio impregnan la estancia, unos pocos rayos dorados del atardecer se cuelan curiosos y parecen querer poner su nota de tibieza. Se acerca al cuadro y se detiene en la firma que con el paso del tiempo es apenas visible, solo recuerda que la muchacha la observaba mientras pintaba.
Acaricia la imagen de la pequeña con ternura, muy suave, como si la quisiera mimar y proteger para siempre..
La ausencia y el silencio impregnan la estancia, unos pocos rayos dorados del atardecer se cuelan curiosos y parecen querer poner su nota de tibieza. Se acerca al cuadro y se detiene en la firma que con el paso del tiempo es apenas visible, solo recuerda que la muchacha la observaba mientras pintaba.
Acaricia la imagen de la pequeña con ternura, muy suave, como si la quisiera mimar y proteger para siempre..
Ilustración: Pintura al óleo - Sally Swatland -
miércoles, 20 de febrero de 2019
Lo difícil
Enamorarse es fácil.
Uno puede enamorarse
—sin demasiado esfuerzo—
Uno puede enamorarse
—sin demasiado esfuerzo—
varias veces al día,
a nada
que se lo proponga
y se mueva un poco
por ahí;
y si es verano,
ni te cuento.
Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
—no conozco ningún
caso–
es salir entero
de una historia de
amor.
(Karmelo Iribarren)
Tiempo sin tiempo (Mario Benedetti)
Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
qué hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.
lunes, 18 de febrero de 2019
Como un rasguño en el alma
Un simple
comentario
a destiempo,
sin ninguna
intención.
Pero tuvo
que ser ese,
entre todos
los posibles.
Y la vida
pasa...
Y
no prescribe.
Karmelo Iribarren.
jueves, 14 de febrero de 2019
Noche de amantes
Aquella noche escribieron
un texto de amor sin protección,
se dejaron caer
en la tentación de las letras,
y amanecieron a orillas del mar
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