martes, 26 de junio de 2018

“yo contemplo la tarde silenciosa
a solas con mi sombra y con mi pena”
(Antonio Machado, fragmento de “Caminos”)


viernes, 22 de junio de 2018

El Mayordomo.

Estoy frente al portal, Via Bolzano 28. Oprimo el llamador, me anuncio y se abre el automático. La finca tiene un estilo refinado, el jardín cuidado despide aroma a jazmines. Camino por un sendero arbolado hasta la casa. Me recibe una dama con uniforme azul, mediana edad, impecable y peinada con el cabello recogido.
─Buenas tardes, adelante por favor.
─Buenas tardes, Fabrizio Colombo para servirle.
─Tome asiento, mi nombre es Isabella, le explicaré sus funciones.
Una mirada a la estancia mientras me acomodo en el sillón me da la impresión que todo está muy pulcro y cuidado.
─Bien Sr. Colombo, hemos recibido sus antecedentes y es adecuado para el puesto.Veo que tiene mucha experiencia como mayordomo.
─Sí, llevo muchos años en esta profesión y es la única en que he podido formarme.
Debía supervisar a dos cocineros y tres pinches a cargo de la preparación de la comida de la familia. Tres doncellas que se ocupaban de la ropa y tres personas para la limpieza. También un jardinero, un chofer y una institutriz. Isabella por su antigüedad, tenía un rango superior al mío y voz de mando.
Me condujo hasta las habitaciones donde me instalaría. Me explicó que libraría un día a la semana, y un sábado cada quince días. Estaba acostumbrado a horarios muy exigentes, por lo tanto no me preocupó. Me levantaba casi al alba, me vestía con mi uniforme impoluto y me dirigía al comedor donde desayunaba con todo el equipo. Era el momento en que distribuíamos las tareas y atendíamos las inquietudes de cada uno.
Isabella y yo disfrutábamos de habitaciones privadas, y de una sala de estar para los momentos de descanso. Ella se dirigía a mí siempre educada pero fría y distante, con un carácter algo irascible y aires de superioridad. Era una mujer bella, con una mirada que imponía respeto a pesar de la fragilidad de su cuerpo. Los dos tuvimos que poner un poco de intención para limar algunas asperezas. Como zorro viejo debía defender mi territorio.
Me fui sintiendo cada vez más cómodo en mi trabajo a medida que pasaba el tiempo, a pesar de las diferencias con Isabella. Una de ellas era que le molestaba que escuchara ópera al levantarme mientras me duchaba y me vestía. Se quejaba del volumen de la música.
Una mañana ella no bajó a desayunar y tampoco la vi en el resto del día. Una de las chicas me comentó que Isabella no se encontraba bien. Por la noche vino el médico. En los días sucesivos no coincidí con ella en ningún momento.
La casa funcionaba como siempre, cada uno sabía lo que tenía que hacer. Las muchachas tenían un trato directo con ella y me transmitían sus noticias. Echaba de menos su presencia, sus maneras algo agrias por las mañanas en el comedor. Un atardecer cuando el sol estaba a punto de ponerse la vi en los jardines. Llevaba el cabello suelto y se movía con su andar elegante de siempre. Fui a su encuentro y se sorprendió al verme. Estaba muy pálida y más delgada, pero igual de hermosa.
─¡Hola Isabella! ¿Cómo está? ¡Qué gusto verla!
─Buenas tardes Fabrizio.

Era la primera vez que pronunciaba mi nombre. 
─¿Se encuentra mejor?
Al decir esto, me pareció que sus ojos se humedecían. No sabía qué actitud tomar. Ella me inspiraba sentimientos muy contradictorios que no me permitía desde hacía mucho tiempo.
Me explicó que sufría una enfermedad que cada tanto hacía una recaída. Dado los años que llevaba en la casa, estaba muy agradecida a los señores por protegerla. No tenía más familia que una hermana mayor que vivía en un pueblito del sur de Francia. Nos sentamos en uno de los bancos del jardín y me confió hechos de su vida que me hicieron comprender el motivo de su frialdad para conmigo. Desde ese día nuestra relación laboral se fue suavizando y ella se mostraba más amable. A veces nos encontrábamos en la sala mientras hojeaba los periódicos del día en nuestros ratos de descanso, y solíamos compartir una taza de té. Esperaba con cierta ansiedad el horario del desayuno y los escasos momentos al final de la tarde para poder intercambiar algunas pocas palabras con ella.
Llevaba muchas noches durmiendo mal, me levantaba cada vez más pronto. Le daba vueltas y vueltas al asunto, pero no conseguía por más que lo intentaba encontrar respuesta. Sería mejor hablar con la señora Anna y comentarle lo que pasaba.
¡Mañana sin falta! No podía suspenderlo por más tiempo. Al día siguiente  antes marcharse al centro de la ciudad me recibió en su despacho. No sabía bien cómo empezar. Ella me miraba con cierta curiosidad.
─Usted dirá Sr. Colombo.
─Verá señora, estoy muy agradecido, a gusto con el trabajo y tengo una buena relación con todo el personal.
─¡Me alegro mucho Sr Colombo!─dice la señora─¿Cuál es su inquietud?
─Señora, no sé cómo decir esto, creo que lo lamentaré mucho, pero no podré continuar trabajando en su casa.
─Por favor, dígame qué le preocupa y trataremos de solucionarlo.
─Sí señora, no creo que tenga solución, porque resulta que.. estoy muy enamorado de Isabella.
La señora Anna se pone de pie, hace un gesto como si sintiera alivio y sonriendo suelta:
─¡Pero qué le parece!
Me siento avergonzado, estoy haciendo el ridículo, como un tonto. Le digo que me iré, si es necesario.
─Sr Colombo, cómo se le ocurre, ¿adónde irá? ¿Isabella qué opina de esto?
─Bueno, a ella no pude decírselo aún. Le respondo.
─¡Ay por Dios, a ver si se lo dice de una vez, hombre qué está esperando!!

Al salir veo a Isabella en el jardín.
Respiro hondo, el aroma dulce de las rosas lo impregna todo. La brisa de la tarde juega con su cabello. 
Voy a su encuentro, aún nos queda atardecer..








jueves, 7 de junio de 2018

Mirada


A veces siento 
que es demasiado para mí
que no puedo, 
que no entiendo
voy detrás de las horas y los días
duelen las ausencias y el vacío
 los amores que se han ido para siempre
 el llanto de los otros
 las risas,
 el desdén de ser olvido
 llorar de miedo y no decirlo
 llorar de miedo en el silencio
enjugar las lágrimas sonriendo
 a quién le importará si nos morimos
si desaparecemos de la escena,
 así sin más
sin dejar rastros
 sin darnos cuenta
surge mi rebeldía
mi alegría
la sangre de mi herencia 
el desdén se vuelve fuerza
 las noches de verano
 la ternura de unas manos
 que amo, que acarician
 una fuerza invisible que me empuja
a seguir pese a todo, pese a todos
  me bebo la vida a grandes sorbos
unos amargos, otros dulces
 al mirarme en el espejo aguanto la mirada
sin reservas, sin reproches
 sí me vale haberme respetado
cuidado mis principios
asumir mi vida,
 mi tiempo, mi momento..








domingo, 3 de junio de 2018

"…Todo cabe, lo sabemos ahora,
en el primer poema que escribimos…”

Alfredo Buxán.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Paisaje 

Un gris tenue tiñe la mañana
 se adueña del azul y de la luz,
el campo es un océano verde
 la hierba se agita en olas ondulantes
 cantan los pájaros, 
ninguno entiende
el canto de los pájaros
sufren, aman, claman, mueren
llueven lágrimas sobre el camino
el viento apresurado las borra, las olvida
nubes oscuras negocian con el sol
el mágico milagro del arcoíris,
los niños quieren atraparlo
 una dolorosa ternura
opaca mi mirada
las ovejas pastan impasibles
los colores se difuminan en el aire,
mientras la tristeza 
se mece entre los árboles.






martes, 29 de mayo de 2018

Vuelo de bautismo




“¡La vida es una aventura constante nena!” Era la frase preferida de Abelardo. La invitación para pasar el fin de semana en las islas prometía ser una atractiva experiencia.
 Aseguró que me encantaría y que tenía su carnet de piloto en regla. Los vuelos en avión nunca me apasionaron, pero sus argumentos lograron convencerme.
 Abelardo parecía en verdad un piloto experimentado. Todo iba de perlas, hasta que surgió aquel extraño ruido en el motor. Él simulaba tranquilidad y repetía que no me preocupara de nada.
 Cada vez que rompo a llorar desesperada, Abelardo me dice que me ponga mi blusa de Chanel roja, siempre mirando al cielo, por si alguien nos ve..






lunes, 28 de mayo de 2018

Descanso

El arte del descanso es una parte del arte de trabajar.

John Steinbeck



Ilustración: Jean François Millet.
Bienvenida

Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta

tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.


(Fragmento) Mario Benedetti.




martes, 22 de mayo de 2018

Rosas rojas


Laura caminaba  de prisa, llevaba libros y carpetas con las pruebas de sus alumnos.. Un traspié, todo voló por los aires, y quedó desparramado por la vereda.  Nerviosa y contrariada trataba de recogerlo. Al levantar la vista descubre una sonrisa y unas manos que tratan de ayudarla.

 ─¡Gracias! ¡Ay, qué torpe he sido! Te agradezco la ayuda.

─ Espera ¿Tienes prisa?

─Sí, ya debería estar en mi clase ¡Llego tarde!! Discúlpame, pero tengo que irme.

Vamos, mientras charlamos. ¿Te parece bien?

 Y sin más, se puso a su lado. El cabello le caía rebelde sobre la frente. Tenía un aspecto de chico travieso y hablaba sin parar. Una vorágine de preguntas  que  Laura no podía y no quería contestar. Por suerte ya estaban frente a la escuela. Ella  se despide, pero él no se da por aludido, la sigue hasta la puerta del edificio hasta que entra junto a otros profesores.
 
Al día siguiente al salir de la escuela, allí estaba, apostado junto a uno de los árboles de la plaza. Y así en los sucesivos.. Primero fue un café, que Laura aceptó tomar en la cafetería de la esquina. Se había convertido en algo habitual, los encuentros, el café..
Luego fueron sus rosas rojas. Más tarde las llamadas a medianoche. No pudo o no quiso rechazarlo. Un hombre que la colmaba de atenciones. Que había aparecido en su vida así, sin pensarlo, sin buscarlo.


 Una noche mientras cenan Ignacio le propone que vivan juntos, desea estar con ella todo el tiempo. Laura duda, prefiere esperar un poco más, pero él sabe convencerla.

Cuando se despedía de sus compañeros de la escuela, ahí estaba él esperando en el coche. Uno de los días al subir, notó que estaba tenso, y empezaron los reproches. Se vio justificando lo que no debía justificar.

─ Son mis compañeros de trabajo, solo eso.

─¡No me gusta que hables con ellos fuera de tu trabajo, ni que los beses al despedirte!¿Lo entiendes?

Sucedió poco a poco. Casi sin darse cuenta. No pudo evitar ver que le revisaba el teléfono. Las lágrimas no tardaron en llegar. Las charlas con sus amigas se acabaron.  Él controlaba el horario de salida de la escuela, iba a recogerla si tenía que hacer algún recado. Laura se sentía acorralada. Esa noche al abrir la puerta, de nuevo los gritos:

─¡Dónde estabas! ¿Sabes qué hora es? ¡¡Llevo dos horas esperándote!!

─ Hoy tuve reunión de profesores ¿Dónde crees que estaba?

─ ¡Sabes que no soporto que me mientas!! ¡Lo sabes!!

La tomó por los brazos hasta hacerle daño, la empujó con furia contra la pared, mientras le gritaba:

 ─ ¡Parece que no me entiendes nena, que eres solo mía!! ¡Que yo te quiero!!

Esa noche habían cruzado una frontera sin retorno. Al levantarse, un ramo de rosas rojas estaba sobre la mesa del salón y una tarjeta con tiernas palabras. Lo de siempre, repitiéndose una y otra vez.

 Laura  tiene sus ojos bañados en lágrimas cuando le comunica al director de la escuela que  tendrá que marcharse, lamenta dejar a sus alumnos, su cátedra, el trabajo que ama. Solicitará  el traslado al pueblo donde viven sus padres. ¡Cuánto echará  de menos Madrid!! Pero no puede seguir así. El director le dice que son  tiempos difíciles, pero harán todo lo posible para ayudarla. En silencio prepara su huida.

 Se ha equivocado, como quien compra un billete de última hora sin elegir el destino. Creía que había encontrado el amor, pero todo se ha vuelto muy oscuro. Tiene que hacerlo, le sobran motivos y razones.

Por la ventanilla del tren el cielo es azul, observa los pájaros que vuelan libres. La invade la misma sensación de libertad, que hacía mucho no sentía.
 No ha sido fácil, pero se siente más tranquila. Camina disfrutando del mediodía de sol, mientras toma un café, una canción suena como fondo y reaviva momentos que ella trata de olvidar..Al llegar a su portal, Antonio, el encargado viene a su encuentro.

─ Señorita Laura, esta mañana dejaron esto para usted, con este sobre.

 La sonrisa se borra de su rostro. Palidece.

─¿Señorita Laura se siente bien? Por favor siéntese.

Le tiemblan tanto las manos, que apenas puede sostener el ramo de rosas rojas..









viernes, 11 de mayo de 2018

Excusas

Nos hacía ilusión planear el viaje. Mi padre extendía  el mapa sobre el suelo del salón para trazar la ruta a seguir. En un cuaderno apuntábamos todos los detalles; qué llevar en la maleta, los lugares donde iríamos, las fotografías que haríamos, las comidas, el hotel y comprar algunos regalos para la familia. Habíamos visitado casi toda América del Sur y una  parte del continente europeo, fue entonces cuando papá dijo que no podíamos viajar más. Me dio algunas excusas. Cuando el cartero trajo el correo buscaba desesperado aquellos magníficos fascículos con fotos y mapas de viajes. Antes de irse me dijo: “Ya no los publican, eso ha quedado obsoleto” Pero yo no entendí esa palabra.

MIcrorrelato seleccionado finalista en mesuenantusletras.