Las personas que amamos
jamás nos dejan,
aunque ya no estén
su esencia queda
su voz se escucha,
acarician nuestra alma,
jamás nos dejan,
son eternas..
lunes, 30 de octubre de 2017
El mar.
El mar, siempre el mar..
el murmullo sordo de las olas
la magia de un secreto oculto
en tu soledad azul busco consuelo
y sé que solo tú puedes salvarme..
la magia de un secreto oculto
en tu soledad azul busco consuelo
y sé que solo tú puedes salvarme..
viernes, 6 de octubre de 2017
Promesas del viento.
Una niña sola en la playa
contempla las olas pensativa
el mar gris y la bruma que la envuelven
el viento huele a sal y a desconsuelo
las gaviotas en su vuelo indiferente
dibujan con su grito un llanto herido
no lo escucha la pequeña ni lo entiende
espera el barco que se atisba en horizonte
y antes que la tímida sonrisa de la niña
solo sea una mueca de tristeza lo presiente
no es el barco de su padre el que se acerca
creyó ver lo que su corazón espera
una historia de dolor se teje oscura
le pregunta a las olas que le digan
el porqué de la espera sin sentido
ni el mar ni las gaviotas le contestan
con la luz que se apaga lenta y calma
dibuja en la arena el nombre de su padre.
Texto del poema: Mirta Calabrese.
Imagen Pintura: Niña en la playa. Sally Swatland.
domingo, 1 de octubre de 2017
Otoño.
No temas al otoño, si ha venido.
Aunque caiga la flor, queda la rama.
La rama queda para hacer el nido”
(Leopoldo Lugones)
Me queda la palabra.
Si he perdido la vida, el tiempo,
todo lo tiré como un anillo al agua,
Si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
todo lo tiré como un anillo al agua,
Si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre,
todo lo que era mío y resultó ser nada.
Si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
todo lo que era mío y resultó ser nada.
Si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria.
Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
puro y terrible de mi patria.
Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Blas de Otero.
martes, 19 de septiembre de 2017
Memorándum.
Uno llegar e incorporarse el día
Dos respirar para subir la cuesta
Tres no jugarse en una sola apuesta
Cuatro escapar de la melancolía
Cinco aprender la nueva geografía
Seis no quedarse nunca sin la siesta
Siete el futuro no será una fiesta
Y ocho no amilanarse todavía
Nueve vaya a saber quién es el fuerte
Diez no dejar que la paciencia ceda
Once cuidarse de la buena suerte
Doce guardar la última moneda
Trece no tutearse con la muerte
Catorce disfrutar mientras se pueda.
Mario Benedetti.
viernes, 8 de septiembre de 2017
Preludio de otoño.
Fin de agosto, últimos días del verano. Los turistas regresan a sus vidas.
Las ciudades y los pueblos van recuperando las escenas cotidianas. Sin días tan largos y luminosos, cuesta dejar la pereza estival sin horarios ni medida. Septiembre, aún soleado pretende engañar, pero nada es igual.
Las ciudades y los pueblos van recuperando las escenas cotidianas. Sin días tan largos y luminosos, cuesta dejar la pereza estival sin horarios ni medida. Septiembre, aún soleado pretende engañar, pero nada es igual.
Las terracitas de los bares despobladas, sin los extranjeros cenando a las seis de la tarde, con sus cuerpos rojos por el ansia de sol y sus calcetines blancos. Últimos días de atardeceres cálidos, últimos baños de mar salados, de noches de luna sin prisa por dormir, de promesas de amor que no se cumplirán.
El paisaje deslucido, gris, como la gente, parece tener una pátina que esconde los colores. Los senderos sembrados de hojas crujientes. Los niños resignan sus juguetes de playa por las mochilas del colegio, sin remedio.
El paisaje deslucido, gris, como la gente, parece tener una pátina que esconde los colores. Los senderos sembrados de hojas crujientes. Los niños resignan sus juguetes de playa por las mochilas del colegio, sin remedio.
Algo distinto flota en el aire, una cierta nostalgia. Tal vez se parece un poco a ese sentimiento que de pequeña me asaltaba los domingos por la tarde.
El tiempo implacable, se estira, nos aplasta, va a la suya, nos roba los lugares. No queda más que seguir el ritmo.
En mi balcón, para mi sorpresa, una rosa ha florecido desafiante..
El tiempo implacable, se estira, nos aplasta, va a la suya, nos roba los lugares. No queda más que seguir el ritmo.
En mi balcón, para mi sorpresa, una rosa ha florecido desafiante..
viernes, 25 de agosto de 2017
Un Día de Agosto.
Agosto dueño
del verano, los días azules, inundados de luz, el calor acobardando los
termómetros. El cielo despejado, sin permiso a las nubes, una brisa cálida,
impertinente. Sinfonía de colores. Las noches ociosas, interminables.
A las cinco de
la tarde, lo perfecto deja de ser perfecto. A las cinco de la tarde las risas
se silencian. Un ramo de flores y un pañuelo de seda ruedan por la acera. Las
copas de refresco se hacen añicos, los pájaros no cantan. El llanto de un niño
no hay quién lo consuele. A las cinco de la tarde la alegría queda congelada en una imagen de abrazos y de
besos. Se detiene el tiempo a las cinco
de la tarde. El sol que no entiende lo que pasa, brilla como si nada.
Las voces inocentes, piden justicia. Las voces
de los que solo saben de trabajo piden paz. Los por qué no tienen la respuesta.
Los ojos se llenan de lágrimas de impotencia, de dolor.
Hay muchas
razones o ninguna para que la inocencia de la gente sea atropellada. ¿Quién
sabe cómo se cura el odio y el rencor?
A las cinco de
la tarde un niño es huérfano, una madre ruega por su hijo. A las cinco de la
tarde un padre pide que su hija lo encuentre en un abrazo.
Agosto, sigue
su camino como si quisiera acariciarnos. La tristeza se cuela por las ventanas
abiertas de los balcones con el aire tibio del atardecer. Unos niños pequeños
juegan despreocupados. En sus miradas presiento que a pesar de todo, la vida continúa..
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








