jueves, 11 de enero de 2018

Te espero en el andén,

Estrenarías aquel precioso abrigo azul. Soñábamos con la nieve, durmiendo abrazados. Tus promesas y el silencio esconden mi ilusión. Los minutos se deslizan por un abismo en la espera. El silbido del tren suena como un ultimátum. Sentado en el banco de la estación desierta contemplo el viejo reloj. 
Tal vez ha sido un sueño, las montañas, la nieve y tú. 






miércoles, 10 de enero de 2018

Días de un verano agridulce.

 Los días largos, luminosos y más cálidos anunciaban el verano. No tenía tanta pereza al levantarme. Había algo más por lo cual me gustaba esta época, al comenzar junio toda la familia nos mudábamos un mes a la montaña, a una típica y antigua casa de campo que había pertenecido a mis bisabuelos. Estaba enclavada en un paisaje único. El bosque y el río cercanos la hacían perfecta. Lo más interesante para mis hermanos y para mí, era que quedaba muy a mano del pueblo, que si bien era pequeño, tenía lo suficiente como para divertirnos y pasarlo bien.
El sonido de un coche al detenerse justo enfrente de casa despertó mi curiosidad una mañana. Al momento fui a ver quiénes habían llegado. Era una familia; padre, madre y una chica rubia preciosa que miraba con insistencia hacia nuestro jardín como si adivinara que los espiaba detrás de la ventana.
Bajaban del coche maletas y bolsas, tal vez se quedarían unos cuantos días de vacaciones. Ella, la rubia preciosa, debía tener unos dieciocho, veinte años. Entraba y salía de la casa ayudando a su madre. Esa noche, cuando todos dormían, me levanté a mirar la casa de enfrente, estaba a oscuras, solo se veía una tenue luminosidad en la habitación de la planta alta. Imaginé que era la de ella. Me quedé un rato observando y luego, sin más volví a la cama.
Habían pasado unos tres días desde su llegada, una tarde al salir con la bicicleta, tuve la primera oportunidad para hablar con Celine, que así se llamaba la rubia. Su familia era francesa. Hablaba español con un acento muy personal que la hacía aún más atractiva. Tenía el cabello sedoso, una mirada color miel y unas piernas interminables. Nos presentamos, apenas decir que me llamaba Federico, me estampó dos besos en las mejillas. Olía a jazmines, un aroma que no olvidaré jamás. Hizo un gesto para que esperase un momento, regresó con su bici y salimos a dar una vuelta. Le encantaba recorrer el bosque, me atreví a insinuar que podía acompañarla. Al otro día vino a casa a buscarme. Saludó a mis padres y comentó que nos invitarían a cenar, para conocernos las dos familias.
Al levantarme y abrir la ventana de mi habitación la veía en el jardín leyendo y tomando el sol. A veces me sorprendía mirándola, entonces me saludaba sonriendo y agitando la mano. Un día llegaron unos chicos a su casa, se quedaron hasta el atardecer. Por fin se marcharon, no sin antes besar y abrazar a Celine con bastante entusiasmo. Creo que estaba celoso. Luego todo volvió a la normalidad. Fuimos con su familia al río, ella llevaba un traje de baño azul, parecía una sirena en el agua. Su madre había preparado el almuerzo y comimos al fresco. 
Ansiaba que el tiempo transcurriera lento, muy lento. Cuando salía en su coche a hacer recados me invitaba. Recorríamos el pueblo, le mostraba lugares que conocía, comprábamos chocolate, nos lo pasábamos muy bien. Cuando íbamos caminando, ella siempre me tomaba de la mano. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de unas vacaciones. No quería pensar en volver a la ciudad y a lo cotidiano. «¡Cuánto la echaría de menos al regresar!»

Un sábado por la noche las dos familias nos reunimos para cenar. Esa tarde había llegado a su casa un muchacho alto y moreno al que Celine besó de un modo, que sin lugar a dudas era más que un amigo. Para mi disgusto él también se quedó a cenar. Casi no pude probar bocado, aunque la comida que había preparado su madre se veía exquisita. Estuve muy incómodo. Celine se comportó cariñosa conmigo, mientras que el intruso no se movió de su lado ni por un momento.
Volví a casa y me encerré en mi habitación. Me recosté en la cama pensando que no podía expresar con palabras lo que sentía. La alegría para muchas personas suele ser lo más natural del mundo, sobre todo estando de vacaciones, para mí no lo era desde esa noche. Las lágrimas siempre encuentran su motivo, y yo tenía el mío. Quería estar solo. A la hora de la comida, todos en mi familia cruzaban entre ellos miradas inquisidoras. Es probable que observaran que mi comportamiento había cambiado, pero no tenían idea de lo que me pasaba. Mis hermanos hacían planes con sus amigos y con las chicas que habían conocido en el pueblo y mis padres disfrutaban a su manera. Todos estaban contentos, menos yo.
El muchacho alto y moreno regresó a la casa de Celine. Ya no cabían dudas. Cuando curioseaba escondido detrás de las cortinas los vi salir, iban abrazados. Lo que pasaba por mi cabeza era un sueño imposible, era mi secreto, un secreto que no podía revelar a nadie. Aprendí, que amar a alguien también provocaba un gran sufrimiento, me había enamorado.
Faltaba solo un día para cumplir ocho años..

Derechos de Autor: Mirta Calabrese De Luca.



lunes, 8 de enero de 2018

Tiempo.

Yo no sé de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.

Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.


Alejandra Pizarnik. (Poeta argentina)

domingo, 7 de enero de 2018

Los Poetas trabajan de noche..

Los poetas trabajan de noche
cuando el tiempo no les urge,
cuando se calla el ruido de la multitud
y termina el linchamiento de las horas.
Los poetas trabajan en la oscuridad
como halcones nocturnos o ruiseñores
de canto dulcísimo

y temen ofender a Dios,
pero los poetas, en su silencio,
hacen mucho más ruido.


Alda Merini. (Poeta italiana)




Los Poetas.

Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.” 


como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme

Alejandra Pizarnik

jueves, 21 de diciembre de 2017

Felicidad.

Navidades de ensueño, de niños pequeños,
Navidades mágicas, refrescos y risas
los padres jóvenes, la ilusión intacta
de puertas abiertas, de sonrisas francas,
con mucho bullicio, de paz y esperanza
de noches de estrellas, de brindis con sidra.
y sin darnos cuenta, lo teníamos todo,
nos reíamos, nos abrazábamos, nos enojabamos
nos caíamos, nos levantábamos, como si nada.
aroma a jazmines y a jacarandá
la voz de la abuela, su eterna dulzura,
sin darnos cuenta lo teníamos todo,
¡Qué felices éramos! y no lo sabíamos.




martes, 19 de diciembre de 2017

¡A TODO TRAPO!

No se la puede quitar de la cabeza. La vio en aquel salón tanguero del barrio de Almagro. Llevaba un vestido negro, el cabello color miel sobre un costado del rostro, escondiendo uno de sus ojazos. Custodiada por un bacán, robusto y engreído que vestía elegante y parecía vigilar todo el tiempo junto a otros tres fulanos que le hacían la guardia.

Abre el ropero y saca el único traje que tiene, la camisa celeste clara, los zapatos negros brillosos.
Se pasa un poco de colonia barata por el pelo engominado. 
"Un día de estos, va a comprar una de las que vio en la perfumería del barrio" Sonríe, mientras se viste.
Sale, la noche está tibia. Camina hasta la esquina. Al abrir su cartera, el boleto de la última carrera lo mira burlón. Piensa en los pesos que se le piantaron junto con las ilusiones, y lo perejil que es, al creer que algún día ganará su apuesta, tendrá mucha guita y podrá escapar de la mishiadura.
Hace señas al primer taxi que ve.
─ ¡Hasta San Telmo maestro! Vamos por la avenida San Juan y me tira por ahí.
─ Ta bien muchacho.
─ El tránsito está un poco pesadito por la noche del viernes vio, la gente sale más. 
El taxista, busca conversación, pero él está con la mente en otra parte
─ En la cuadra que viene está bien, aquí me quedo Don.
Camina nervioso hasta la puerta de la milonga. La música a todo trapo lo pone de buen humor. Algunas parejas ensayan figuras atrevidas lustrando el suelo. La luz tenue y el humo no dejan ver con claridad.
Acodado en la barra, enciende un cigarro y hace un paneo por todo el salón, algunas muchachas miran insinuantes, pero él busca a otra.
─Juan, poneme un trago, bien fuerte.
─Mirá ¡ahí la tenés a la moza! 
─ Le apunta Juan .
Toma un sorbo como para darse ánimo. Se da vuelta y ahí está ella ¡Más linda que nunca! Con un vestido color manteca que dibuja su cuerpo, los labios rojos y ese andar sensual y provocador que lo vuelve loco. 
La orquesta se descuelga con un tangazo. Un tipo alto y vestido de negro le habla por lo bajo, la toma del brazo y la lleva a la pista. Se queda ensimismado mirando como la pareja baila con requiebros estudiados.
Se acerca despacio:
─ Disculpe Don, ¿me permite? Me parece que la señorita quiere cambiar de compañero.
Ella entorna los ojazos y sonríe tímida.
─ Sí ¡Claro amigo, faltaría más!! Toda suya. Sonríe con sorna 
y se da media vuelta.
La abraza con suavidad, ella se aprieta contra su pecho mimosa. 
 La sensualidad se adueña del momento, solo ella, él y “Por una cabeza”.. 
La cadencia del tango los envuelve, los atrapa en una telaraña de pasión.
Un empujón, la sorpresa ¡Un puñetazo tan fuerte! que cae derrumbado.
Los golpes vienen de todas partes, no puede ver.
Solo quiere que paren. Los gritos de la gente y el murmullo, los
escucha muy lejos.. no sabe qué pasa. Todo se vuelve oscuro, solo siente que lo arrastran por el suelo.
De pronto, la música comienza a sonar de nuevo.
"Por una cabeza, si ella me olvida 
qué importa perderme, mil veces la vida 
para qué vivir... "
Siente un paño mojado en la frente y un poco de alivio.
─ ¡La pucha, hay que tené mala pata pa elegí las minas che!
Abre los ojos y un poco borroso ve a Juan.
A duras penas puede sentarse. El traje desgarrado, la camisa celeste clarita salpicada de algunas gotitas de sangre, la corbata arrugada. Los bailarines hacen un círculo como si él fuera el payaso del circo y murmuran por lo bajo.
Enseguida alguien ordena: 
─ Bueno, señores aquí no ha pasao nada. ¡A seguir con la milonga! Que los asuntos de polleras se arreglan afuera.
Algunos aplauden, la pista se llena poco a poco ¡Y a lustrar el suelo! 
El director de la orquesta anuncia un bis del tango más lindo del mundo.
La música inunda el salón y se mete hasta en los huesos. Un muchachito le entrega un papel con letra de mujer.
"Para Gerardo:
Boedo 235 segundo piso"
Juan murmura:
─ ¡Vos sos dueño che! 
─ cada uno se muere como quiere.


Derechos de autor: Mirta Calabrese De Luca







lunes, 18 de diciembre de 2017

El Secreto.

Hoy ella tiene la voz más dulce que ayer,
me mira desde sus ojos verdes, apenas sonríe,
es bella, arrogante, desconocida,
nada ni nadie parece perturbarla,
el mar golpea con bravura revolviendo las olas
en el borde del acantilado, se detiene,
un instante, único, irrepetible
su cuerpo frágil se estremece,
el viento agita su cabello de seda. 
perlas de cristal ruedan por sus mejillas,
mis manos no la alcanzan, ya no pueden,
cual gaviota blanca y blanda
emprende un vuelo sin retorno,
la espuma la envuelve, la hace suya
se detiene el tiempo en mi infinita soledad,
el mar celoso, oculta para siempre
el secreto de su nombre..








lunes, 11 de diciembre de 2017

Atardecer en otoño.

La tarde elige el gris para vestirse,

el viento desnuda sin permiso las ramas desprevenidas, 

el sol no se atreve, las nubes oscuras lo provocan burlonas,

 los pájaros huyen buscando refugio,

las primeras gotas se cuelgan como suicidas de las barandas de los

balcones, la lluvia dibuja pequeños charquitos que no alcanzan

para ahogar la tristeza, mientras el día agoniza 

dejando  que la noche se adueñe de la vida.