domingo, 3 de abril de 2016

El jazmín de la abuela.

 Con tu luz y exquisita presencia

 tu esencia suave y deliciosa,

dueño y señor engalanabas aquel patio

contemplando callado nuestra infancia.

Te sonrojaste con aquellas tonterías

compartidas al abrigo de tu sombra.

Blanco  destino de flores perfumadas

derramaban caprichosas su belleza.

La abuela, su ternura, infinita dulzura

ella era tu madre, ella era tu dueña.

Se deslizó el tiempo, tirano y silencioso,

y se fueron yendo los seres uno a uno.

Se despobló la casa, de voces y de aromas

Sin prisas, dulcemente, se marchó la abuela

y  lloramos juntos la primera pena.

Tu fragancia  sustenta mis recuerdos,

te pienso tan vívido e intenso .

No me atreví a volver, quizás por cobardía

no pude resistir la angustia de no verte,

atesoro por siempre tu belleza nívea.

 La abuela seguro se sonríe,

 ante una pregunta que no hallará respuesta

 ¿Vive ella ahí, tu madre, en el jazmín?...




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